UN ABOGADO DE ATLANTA LOGRA GRANDES VEREDICTOS PARA NIÑOS LESIONADOS
Viviendo con los clientes, ‘un ardiente deseo visceral‘ aviva la cruzada del Despacho.
Durante la época en la que Don C. Keenan estaba aprendiendo a caminar, su padre murió cuando una caldera en malfuncionamiento, cerca de la cual estaba trabajando, explotó. Unos 17 años más tarde, el abuelo de Keenan, quien lo había criado como a su propio hijo, murió después de que los doctores le mal diagnosticaron un ataque al corazón.
Hoy en día, como defensor de los derechos legales de niños en Atlanta, Keenan todavía continua intentando en cicatrizar las heridas que aquellas pérdidas le dejaron en su psiquis de juventud; sin embargo intenta aliviar el frustrante dolor por el cual aquellas muertes sucedieron en un momento en el que la ley no le ofrecía a un abogado demandante mucho con que trabajar, el menciona.
Durante los últimos veinte años, Keenan ha defendido a los jóvenes y a quienes no tienen voz, desde madres de jóvenes afro americanos asesinados en Atlanta a finales de la década de los setenta y principios de los ochenta, hasta una niña de tres años en un pueblo, que cayó en coma mientras se encontraba dentro del programa de cuidado de hogar adoptivo.
Fueron esos casos de gran notoriedad y otros como esos, los que el señor Keenan represento en calidad de abogado de oficio, y le dieron una reputación en el ámbito nacional, atrayendo a su despacho casos muy bien pagados de mal práctica médica y responsabilidad sobre productos.
El año pasado el Despacho de Keenan obtuvo ocho acuerdos, los que sumaron un total de diecinueve millones de dólares, como resultado de casos a lo largo del país. El despacho se enorgullece de haber batido un récord de setenta y un veredictos y acuerdos de más de un millón de dólares, la mayoría en favor de niños.
“No puedo decir que yo haya sufrido como un niño con quemaduras o un niño con lesiones cerebrales, pero sé qué efecto puede tener la negligencia de otros en un niño, y creo que eso finalmente dicto los pasos a seguir el resto de mi vida”, dice Keenan, de 45 años.
Si visita El Despacho Keenan de Leyes, no puede perderse de ver la pared de cuarenta y una fotografías de niños a los que Keenan ha defendido con éxito; Junto a estos estan tambien las imágenes de los actuales o posibles clientes; y nadie que trabaja aquí puede tomarse un café sin pasar junto a ellos.
“Eso proporciona una gran motivación”, asegura Keenan. “Ellos se han convertido en los hijos del despacho”.
Keenan no tiene hijos, pero a menudo se refiere a los niños que defiende como “mis hijos”.
“Cuando pienso en niños, no pienso en niños sanos y normales, pienso en mis niños”, dice. El trabajar por su causa “constituye una carga mayor para mí, que si tuviese mis propios hijos, porque... ellos me darían un respiro en lo que estoy haciendo”.
LOS ASESINATOS EN ATLANTA
Después de que el abuelo de Keenan murió, él se mudó con su madre y su abuela, de su nativo New Bern, Carolina del Norte, a la ciudad de Atlanta, donde asistía a clases nocturnas en la Facultad de Derecho de Atlanta y trabajaba durante el día para mantener a su familia.
Después de graduarse, empezó a crear su propia empresa. “Ninguno de los grandes despachos se fijaba en mí por haber asistido a clases nocturnas en la facultad”, recuerda Keenan. Empezó a trabajar como defensor criminalista, ganó muchos casos y apelaciones, y adquirió una reputación por ser agresivo y tener éxito.
El comité para detener los asesinatos de niños, un grupo formado por algunas de las madres de los veintinueve jóvenes afro americanos que fueron asesinados en Atlanta entre 1979 y 1981, oyó hablar del trabajo de Keenan y le pidió que los defendiera. Al grupo se le estaba investigando por supuestas irregularidades en las contribuciones que aceptaba.
Nunca se presentó ningún cargo, y Keenan mantiene que las autoridades estaban actuando para distraer la atención sobre una inepta investigación de asesinato.
“Las autoridades escondieron la cabeza como avestruces”, dice. “Afirmaban que no había conexión ninguna (entre los asesinatos), y alguien del FBI incluso insinuó fríamente que una madre estaba involucrada en la muerte de su hijo”.
El grupo mantuvo la investigación a la luz de los medios de comunicación con el uso de resistencia pasiva, ruedas de prensa y debates por todo el país. Sin embargo, a Keenan todavía le frustra que hayan muchos casos sin resolver, especialmente aquellos que involucraban a dos niños que tenían sólo cinco y seis años cuando murieron.
Las autoridades “intentaron cerrar el expediente pero hay voces dentro de ese expediente que todavía están pidiendo a gritos una respuesta”, dice.
CONVIVIR CON LOS CLIENTES
Lo que le ha hecho a Keenan ganarse su reputación, y mucho dinero, es él involucrarse emocionalmente y con una completa devoción por los casos.
“Nunca he tenido un oponente que me haya sobrepasado en términos de preparación, voluntad de ganar, ardiente deseo visceral de ganar la batalla para mis pequeños hijos”, dice.
Keenan se prepara de una forma insólita: justo antes del juicio, convive con sus clientes para conectarse con ellos emocionalmente.
“Cuando me apasiono, es al salir de la oficina y convivir un día o dos con mis clientes antes del juicio”, dice. Es algo que lleva haciendo desde hace doce años, y él cree que le da una tremenda ventaja en sus casos.
“En casos de cáncer voy hasta el hospital y observo los tratamientos de cáncer que se les administra. En demandas de muerte por negligencia, visito las tumbas, de los que han fallecido, para poder sentarme y entender todo el significado y la sin razón de sus muertes”.
Keenan les pide a los abogados que trabajan para él que hagan lo mismo.
“No se puede entender todo, de lo que se trata un caso, hasta que has caminado un kilómetro en las suelas del cliente”, dice.
Otro de los mandatos del Despacho Kennan de Leyes, es una visita a la casa de los clientes después de haber ganado el caso.
“Simplemente la idea de sentarse allí con las personas en la nueva casa con la habitación para rehabilitación, con la furgoneta con silla elevadora en el garaje, uno se acuerda de lo que ellos tenían cuando los conoció y vivían en las viviendas sociales”, “Se le caen a uno las lágrimas cuando regresa al hotel” comenta Keenan.
Charles Allen, quien se unió a la Firma de Keenan hace quince años como mensajero mientras estaba en la facultad de derecho, y ahora ejerce con él, se describe a sí mismo como un devoto de Keenan.
“Se necesita un conocimiento de lo que el cliente está atravesando, para comunicar eso a los miembros del jurado”, dice. “ No me puedo imaginar trabajando en ningún otro sitio y haciendo ninguna otra cosa en otro despacho de abogados”.
Durante las declaraciones y los juicios, Keenan lleva consigo fotos de los clientes, especialmente cuando son niños de corta edad. Antes de la argumentación final, Keenan intenta evocar imágenes mentales de clientes previos para los que él ha logrado una victoria, como una manera de inspirar otro éxito.
“Yo veo a todos mis pequeños hijos y pienso en su rehabilitación, su terapia y sus estudios universitarios”, dice. “Y simplemente sé que si hacemos nuestro trabajo correctamente, podemos alcanzar el mismo resultado. ¡Uauuu! ¡Si esto no té motiva o te infunde respeto hacia Dios para que tengas éxito!”
LA LUCHA POR KATHY JO
Keenan dice que algunos colegas consideran que sus métodos no son sofisticados; pero no le digas eso a la familia de Kathy Jo Taylor. Una niña de 3 años de edad, que cayó en un estado de coma irreversible después de que alguien abusó de ella en un hogar de cuidado adoptivo en 1982. Los encargados del caso no la habían visitado regularmente, antes de haber sido herida, y no tenían ninguna idea si ella se encontraba a salvo.
En un litigio contra el Estado de Georgia, Keenan representó a miembros de la familia, quienes sintieron que se les debería haber permitido acogerla en vez de mandarla a un hogar de extraños.
Su lucha de diez años, de abogado de oficio en este caso fue a la Corte Suprema de los Estados Unidos en 1989. Keenan, que había argumentado ante la Corte Suprema anteriormente en un caso criminal, estaba deseoso de luchar. Su posición fue que niños como Kate Jo, que son puestos bajo la custodia estatal deberían tener al menos los mismos derechos constitucionales que tienen los convictos: cuidado médico adecuado y un ambiente seguro.
"Yo estaba literalmente gritando a voz en cuello, “Si concedemos a los niños menos derechos que a un violador y un asesino convicto, entonces que Dios nos proteja a todos", dice refiriéndose a cuando preparaba su argumentación ficticia. "No estaba basándolo sobre ninguna ley judicial, simplemente sobre lo correcto y lo incorrecto de su naturaleza".
Finalmente, Keenan no tuvo oportunidad de argumentar ante la Corte Suprema porque el famoso caso DeShaney trató algunos de los temas que Keenan había planteado. Como consecuencia, el caso de Keenan resultó en el Decreto de Consentimiento de Kathy Jo Taylor, que se aplica en el Estado de Georgia y se ha usado como modelo en otros estados. Este exige que cuando a un niño se le aleja de sus padres biológicos, otros miembros de la familia pueden recibir el derecho de cuidar del infante. El decreto prohíbe el castigo corporal de los niños, y exige a los abogados del caso que visiten a los niños adoptados una vez al mes, al igual que concertar revisiones regulares con dentistas y médicos.
A pesar de esta victoria, el caso todavía es un triste recuerdo para Keenan. Kathy Jo murió de neumonía el 14 de abril de 1997, a la edad de 17 años. Y el pasado febrero, exactamente como cada febrero desde que Keenan tomó el caso, la familia de Kathy Jo le mandó una planta con una flor por su cumpleaños.
"Siempre llega en el momento en que menos lo espero", dice, "Y siempre me destroza".
CRUZADAS POR LOS NIÑOS
La labor de Keenan por los niños no acaba en la sala de juicio. La Fundación Keenan de niños (Keenan’s Kids Foundation en ingles), fue fundada por él en 1993, colecta miles de prendas de vestir cada invierno para niños sin hogar en la ciudad de Atlanta. También otorga premios anuales a personas del sistema escolar público, de los medios de comunicación y del gobierno estatal que trabajan para las causas infantiles, y hace donaciones para un programa de apoyo para estudiantes de derecho y para un seminario para abogados sobre los derechos infantiles.
La firma de Keenan hace donaciones a la fundación de entre $250,000 a $500,000 dólares cada año, dice él.
“Ganamos mucho dinero con lo que hacemos. Esto nos permite utilizarlo para ayudar a las Kathy Jos’ del mundo, haciendo lo correcto con los niños sin hogar”, dice. “Me gustaría considerarlo como un reciclaje de dinero".
El esfuerzo más reciente de la fundación es el proyecto de concientizacion de la bolsa de aire (airbag). Keenan está llevando a juicio un caso contra la compañía General Motors (GM en sus siglas en inglés), denunciando que el inapropiado despliegue de una bolsa de aire en un camión ocasionó la muerte de una joven de 16 años en el Estado de Texas. La fundación está diseñando un folleto informativo sobre el peligro de sentar a niños en asientos delanteros donde las bolsas de aire (airbag) están colocadas. Planea distribuirlos a más de 10,000 abogados de la zona de Atlanta que ayudaron a recoger la ropa de invierno para los niños sin hogar, para que ellos los tengan en sus vestíbulos para los clientes.
Keenan ha sido reconocido por numerosas organizaciones de abogados por su trabajo. En el otoño, se convirtió en el presidente más joven en la historia del Circulo Interno de Abogados (Inner Circle of Advocates), cuyo número de miembros está limitado a cien abogados, los que han recibido más de ocho veredictos de un millón de dólares.
En 1992, se convirtió en el presidente más joven del Consejo Americano de Abogados de Juicio (American Board of Trial Advocates). En este puesto, dirigió a una delegación a la República Checa y más tarde a Rusia para conducir el primer juicio con jurado civil en esos países.
"Una cosa que realmente noté en estas naciones que están surgiendo fue, me pregunté, cómo esta gente se levanta cada día con una actitud tan positiva para ir a un trabajo en el que no están seguros si va a seguir ahí", dice él.
"Mucho más que los estadounidenses, esta gente miraba a un futuro no para ver lo que podrían sacar de él, sino para lo que sus hijos pudieran anhelar. Eso me recordaba constantemente cuando mi bisabuelo se subió a un barco y se fue a un país extraño. No lo estaba haciendo por él mismo, ya que su vida no fue muy buena; pero aquí estoy yo, un irlandés de tercera generación en el momento más álgido de mi profesión. Yo no estaría aquí si no fuese por él."
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